miércoles, 24 de septiembre de 2014

THE WAR ON DRUGS - Lost In The Dream (2014)


A veces pasa. Leo una entrada en un blog sobre The War On Drugs. Empiezo a escuchar esos ecos de batería, guitarras limpias y distantes, teclados, samplers ochenteros... mmmm! No se si esto es realmente lo que mi estado de ánimo busca. Quizás no... un momento. ¡Suena increíble! Normalmente me decanto por otro tipo de sonidos pero también es cierto que suelo tener muchos prejuicios con ciertos axiomas sobre el pop de los años ochenta. Y también, igual de cierto es, que algunos de mis discos favoritos son de la mitad de esta década. Probablemente al principio me suelen chirriar un poco pero a la larga no tengo problema en abrazar algunas canciones que al comienzo me parecían hiper-edulcoradas y luego me siento incapaz de no escucharlas en un insano bucle. El tercer disco de esta banda, titulado Lost In The Dream, tiene un efecto igual de enfermizo en quien os teclea. 


Y es que, aunque nací en los ochenta, lo cierto es que empecé a escuchar realmente música en la década siguiente. Me eduqué con los Aerosmith del Get A Grip en vez de con los del Permanent Vacation, los Stones del Bridges To Babylon fueron con  los que me inicié y mi primer disco de The Cult fue el Ceremony. A cada uno le toca su momento en la línea del tiempo. Afortunadamente siempre consumí mucha música de la década que me vio nacer pero estaba más enfocada a grupos de hard rock que a un pop rock con pinceladas new wave y teclados bastardos deudores de la época de las hombreras.

Podría parecer despectivo pero para nada. Probablemente os esté hablando del disco que más haya escuchado en lo que va de año. Ese disco que, cuando no sabes qué pinchar, siempre te surge como recurso y se termina convirtiendo en el artefacto al que más horas le has dedicado. ¿Lo convierte eso en mi favorito de 2014? Ni idea. Mi estado de ánimo está siendo parecido al estado de mi blog. Perezoso, agotado, plano y yendo a lo fácil. Pero evidentemente está en mi top ten y creo que merece mucho la pena que le peguéis un orejazo a esta joya.


Se trata del tercer disco de la banda liderada por Adam Granduciel. Un combo que, en mayores o menores dosis, incluye influencias del Bruce Springsteen ochentero, ecos en ocasiones de la voz (la de hace muchos años) de Dylan, arpegios y atmósferas a lo The Cure o la magia épica del Boy de los primerizos U2. No hay pegamento que junte a el Boss con Robert Smith o a Robert Allen Zimmerman con The Edge. Pues no os preocupéis porque extraen lo suficiente de cada uno, las dosis perfectas en pequeñas concentraciones para crear un puzzle vibrante de emoción, colores, estruendoso y fascinante.

Lost In The Dream es un arrebato de belleza, delicadeza, esplendor, composiciones creadas para finales de películas redondas... un trabajo hecho para todos los públicos, sin rombos. Lo mismo puede gustar al adolescente que mueven el trasero con los Strokes que al veterano que en su día babeaba con Simple Minds. Un tópico mejorado. Un puñado de canciones que no deberían de parar de viajar entre vuestras neuronas dibujando bellas ensoñaciones. Ejemplos: Red Eyes, An Ocean In Between The Waves, Burning o Eyes To The Wind. Luego me contáis.

viernes, 19 de septiembre de 2014

THE JIM JONES REVUE - Sala Arena, Madrid (16/9/2014)


Que una gran banda se separe siempre es un incordio. Sientes que hay algo que muere en tu dieta musical y sobre todo en las expectativas de que sigan facturando grandes obras en un futuro inmediato que alimenten esa gula. Sin embargo The Jim Jones Revue puede que no hayan llegado al estatus de "gran banda de culto" o llamadlo como os de la gana, al menos para las masas. Sin embargo para quien suscribe estas líneas se habían convertido en uno de sus grupos favoritos y aunque no hayan recibido el éxito masivo que se le puede presuponer a la calidad que atesoran, sí os pueda asegurar que en los últimos años se habían ganado un puesto de oro entre mis preferencias. Nick Curran y The Jim Jones Revue son de esas pérdidas que uno va a lamentar toda la eternidad, obviamente por motivos bien diferenciados, pero totalmente irreemplazables por lo necesario de su propuesta, calidad, actitud, intensidad, carisma y frescura (por mucho que se muevan en unos parámetros estilísticos más bien viejunos) en una escena musical más preocupada por otros menesteres más relacionados con los conceptos de modernidad y postureo.


Dicho esto no puedo más que congratularme por haber presenciado un concierto de despedida en Madrid cien por cien a la altura de lo que se podía esperar de este enorme combo de rock & roll. Muy parecido al que dieron hace casi un par de años en el mismo escenario, sí, pero igualmente repleto de agresividad, diversión, intensidad y buen hacer de los miembros de la banda desde el minuto uno al 80 o 85 que aproximadamente duró el show. En primera fila, viendo como Jim Jones no paraba de moverse, cantar con el torrente de voz casi intacto, balancear las caderas, arengar a sus compañeros de banda y estos en paralelo interactuar con el público y demostrar que no se quedan pequeños al lado del líder de la banda, uno a uno, de sobresaliente cualquiera de ellos.


Comenzaron con It's Gotta Be About Me y sigueron con Never Let You Go, las dos primeras canciones de su último disco, el sensacional The Savage Heart. A estas les siguieron Shoot First y Burning Your House Down, donde servidor ya perdió la cabeza y comenzó a desgañitarse y agitarse cual exorcismo. De su segundo trabajo, homónimo de esta última canción, volvieron de nuevo al último con  Where Da Money Go? y Chain Gang y así fueron viajando de un álbum a otro hasta que llegaron a la ruidosa Cementer Mixer que cierra el primero de los tres discazos que The Jim Jones Revue tienen en el mercado (sin contar el Here To Save Your Soul, de caras B y rarezas). Después vino Rock'n'Roll Psychosis y podéis imaginaros esos tornados humanos que se crean a veces con 10 ó 15 personas bailando a codazo y empujón limpio en las primeras filas, aullidos de los presentes y sudor y entusiasmo en estado gaseoso flotando en la sala. Después de un descanso destacaron sobremanera Disonest John (una de mis favoritas), la salvaje Elemental y High Horse, otra de las joyitas que esta banda atesora. Princess & The Frogg ya fue el cierre que no por esperado fue vivido con menos intensidad, una avalancha de gente moviéndose, cantándola puño en alto y proyectando entusiasmo y satisfacción a partes iguales en una tremenda onda expansiva de diversión que alcanzó a todos los allí presentes en la Sala Arena. Sobre todo a mi, obnubilado tras semejante descarga en primera fila, que me alcanzó un escupitajo del frontman, especialmente dedicado a mi careto cual extremaunción en el último minuto de la última canción del último concierto en la capital. The Authentic Last Hurrah!!!!!


Como curiosidad, encontrarme entre el público a los adorables Bob Vennum y Lisa Kekaula de The Bellrays y Lisa & The Lips y a Pablo Pérez, la conexión española que a los anteriores les mantiene pegados a la piel de toro, involucrado también en estas dos bandas y ex guitarrista de The Right Ons. Seguro que se lo pasaron igual de bien que el resto de los allí presentes. Tras un estallido semejante de rock'n'roll y dejar la sala convertida en una escombrera repleta de gente extenuada, la banda bajó a saludar un rato. Luego Jim Jones se permitió el lujazo de hacer una divertida pinchada en un magnífico antro, el Madklyn, donde me recibió con el (Take Me Home) Country Roads (versión Toots & The Maytals, por supuesto, cuyo estribillo casi cantábamos a dúo) y minutos después me concedía una petición de un tema de su amigo Nick Curran, algo que llevo años intentando en garitos y por fin, no podía ser de otra manera, alguien me concede para ponerla. Como habréis comprobado no tengo ninguna pega. Noches así, aún con el saborcillo rancio y amargo de una despedida, suelen preceder al adjetivo de "redondas". 

miércoles, 23 de julio de 2014

LUTHER DICKINSON - Rock 'n Roll Blues (2014)


¿Conocéis esa sensación de seguir la inercia de un artista en estado de gracia y desear que haga cualquier cosa? Sentirte absolutamente satisfecho y tocar casi con la punta de los dedos el cielo con cada uno de sus inspirados trabajos y desear que siga haciendo música, cuanta más cantidad mejor, sabiendo que probablemente llegue un punto en el que ya no seas imparcial pero al mismo tiempo dándote absolutamente igual. Ese sentimiento de que "mucho la tiene que cagar para que cambie mi perspectiva" o de que, sólo si se pone a hacer de repente música disco o bachata, sería capaz de mencionar a sus progenitores en la distancia (lo que se podría llamar perfectamente "el síndrome Chris Cornell"). 


Pues Luther Dickinson es uno de esos tipos a los que no les tiembla el pulso a la hora de colaborar con mucha gente, sacar proyectos paralelos, trabajar durante unos años con una de las mejores bandas del planeta en segunda línea de batalla como simple guitarrista o coger el toro por los cuernos de su grupo cada vez que le place y regalarnos discos realmente buenos. Todo esto sin bajar el nivel en ninguno de los frentes, al menos no escandalosamente, pudiendo afirmar que del bien alto o el notable no es capaz de descender. Un tío que hace siempre los deberes y que se toma esto muy en serio. Ahora que ha ampliado su ya consistente grupo de acérrimos seguidores tras su periplo en The Black Crowes, no para de trabajar y hacer lo que realmente le gusta a nivel musical. No depende de las decisiones de ninguna pareja de hermanos (exceptuando la que él mismo forma con su bro. Cody, tremenda paradoja) y tiene mucha más libertad de movimientos y reconocimiento masivo, lo cual está explotando muy acertadamente.


Rock 'n Roll Blues probablemente ha sido una mera excusa para editar una serie de canciones que tenía en el zurrón desde hace años, componer alguna que otra nueva, desenchufar un rato las guitarras y colaborar con otros músicos así como tener el control total del resultado final incluso produciéndolo él mismo. Unas vacaciones dentro de su convivencia en los North Mississippi Allstars, quienes en 2013 editaron uno de los mejores disco del año con su World Boogie Is Coming, por cierto. Y es que, aún habiendo sacado este trabajo, tampoco ha parado de girar con la banda en la que mantiene la bicefalia junto a su hermano (se cayó el bolo de hace varias semanas en el que iban a telonear ni más ni menos que a Robert Plant en Madrid y en el que no dudo que habrían humillado al grupo teloneado si hubieran tocado la mitad de potentes que el año pasado en la capital). Pero seguro que le ha sentado maravillosamente esta aventura en solitario. Estilísticamente no es muy diferente a lo que hace con su grupo. Algunas canciones se parecen más a las de algún disco y otras más a las de otros. Quizás el grueso gordo se lo lleva el apacible y luminoso Keys To The Kingdom, aunque el hecho de grabar la mayoría en acústico, el sonido de la batería Shardé Thomas, que acompaña en paralelo a la contrabajista y cantante Amy LaVere, creando un sonido muy compacto que suele ir al unísono junto a los fraseos de nuestro cantante, fabricando una rítmica deliciosa, compacta y muy pegadiza.


Por cierto, viendo el videoclip que hay más abajo, tuve una corazonada. La joven Shardé Thomas con sus baquetas, me suena la cara y me digo a sí mismo que no puede ser. ¿Habéis visto uno de los sensacionales documentales de blues de Scorsese en el que Corey Harris va con su guitarra buscando la conexión entre el blues de los algodonales de Louisiana y los ritmos de Mali? En este aparece varias veces Othar Turner, mítico bluesman y uno de los últimos que tocaba el "fife", una flauta travesera de bambú que antes se usaba a menudo para acompañar las canciones. Pues esta niña que en la peli tiene solo 11 ó 12 añitos es la gran esperanza de su abuelo Turner para que siga la tradición, siendo de las pocas personas jóvenes que están aprendiendo a tocarlo, pudiendo quedar en el olvido como si de una extinción musical se tratara. Incluso literalmente cierran el docu con Shardé y Othar Turner en un enternecedor concierto poco antes de que este muriera en 2003. Pues Luther la tiene dándole a los parches y las baquetas (además del fife, claro) ahora con 24 años en su nueva banda de estudio para su disco además de otro proyecto llamado The Wandering donde también colabora con ella y con Valerie June. A mi me ha entusiasmado ver que sigue metida en el blues y no precisamente haciéndolo nada mal.


Volviendo al tema que nos ocupaba y para finalizar... Un disco ligero, suave, divertido e inspirado. No marcará ningún hito pero tiene una frescura digna de elogio tratándose de blues, folk y rock proveniente de los pantanos de Louisiana y las orillas del río Mississippi. Yo no esperaba más que un trabajo con algunos buenos temas y me he encontrado con un artefacto que tiene coherencia desde el principio hasta él final, fiel a sus principios y sin ningún altibajo dentro de las 10 excelentes canciones que dan forma a este Rock 'n Roll Blues.Y se agradece que Luther Dickinson aún no haya metido ningún patinazo y siga en la cresta de la ola de la creatividad porque a mi cada bocado de su música me sabe a gloria.

martes, 15 de julio de 2014

THE BUTTSHAKERS - Night Shift (2014)


Ahora que ya el verano aprieta tanto en las temperaturas como en los bolsillos, no es mala idea broncearse en las soleadas playas, ya sea utilizando la vieja táctica de encaramarse en casa de un amigo al que solo ves de año en año o por el contrario resignarse a pagar un poco más y hospedarse en un camping, hostal, hotel o casita de alquiler, todo depende de lo pudiente que estemos. Pero también es un buen momento, como cualquier otro, para broncearse un poco el alma, ennegrecer el corazoncito y evitar cualquier tipo de protector para los ritmos afroamericanos más vintage porque, a diferencia de lo que pasa con lo que nos suministra el Lorenzo, estos no te queman nunca lo suficiente aunque sí que desprenden casi tanto calor.


Y cuidado porque os traigo un artefacto que puede que os haga sonreír con tanta intensidad que hasta se os levanten los dedos de los pies. Se llaman The Buttshakers, son franceses y su propuesta puede estar a medio camino entre lo que hacen bandas de energía incontestable y raíces bien plantadas como son Lisa & The Lips, Lady Dottie & The Diamonds, Black Joe Lewis & The Honeybears o los catalanes The Excitementes, los cuatro ya loados en muy diversas ocasiones en este blog.  Quiere decir que practican raw soul, rythm & blues y funk pero con el murmullo del rock bastante presente y el incesante groove "a full" en el código genético de su sonido.


Dejémonos de influencias, cualquier cosa que saliera desde los 50 hasta finales de los 70 en la música negra americana puede aportar su granito de arena a el sonido de un combo con un estilo que va de la agresividad garagera de la inicial Night Shift, hasta desquiciados rythm & blueses tales como Tell The Truth, Your Love Is Amazing o Get Your Blues. También canciones con el funky subido como Satisfied, I Wanna Know o I Wait, que intentan emular la rítmica grandilocuencia en todos los instrumentos (incluida la voz) de James Brown, propiciando esa cadencia bailonga que no todos saben recrear. También hay momentos para alguna soulada más tranquila y reposada, como la brillante y desgarradora  Only Your Love, canción en la que su fabulosa cantante Ciara Thompson cambia un poco de registro para enternecer con un tema que podría encajar en el repertorio más lacrimógeno de Amy Winehouse sin demasiadas astillas. ¿Ya? Nada de eso, en el cierre de este fabuloso disco la lían parda con The Girl Can't Dance, volviendo a ensuciarse las manos en el garage y en la velocidad  en menos de dos minutos que sirven para regodearse de lo que son capaces de hacer y dejar al oyente con las ganas de volver a pinchar este Night Shift, una burrada de fuerza y calidad.


Las jornadas se hacen más cortas con discos como este, el curro pesa menos y el cansancio casi ni se nota tras un chute de powerfull soul en manos de una banda que sabe muy bien lo que hace y que no sería de extrañar que de aquí a poco estén en boca de todos. Night Shift es de lo mejor que ha salido este año y de lo que más se está escuchando en este refugio donde ya empieza a hacer calor y donde trabajos así refrescan el día a día una barbaridad.


martes, 24 de junio de 2014

DEADHEADS - This Is Deadheads First Album (It Includes Electric Guitars) (2014)


¿Qué tendrán los países norteños de la vieja Europa? ¿Qué condenado brebaje tragarán sus músicos antes de entrar en el local de ensayo? ¿Qué pretéritas oscuras historias contendrán las gélidas tierras de estas regiones para haber incrustado en el adn musical de sus bandas de rock y en sus tremendas tonadas tanta energía y calidad? Llevamos años preguntándonos todas estas cuestiones y muchas más pero poco podemos clarificar. Cuando todos pensábamos que en algún momento podría llegar la sequía parece que las jóvenes y nuevas bandas se empeñan en demostrar que la cantera de grupos escandinavos está en muy buena forma y  no están dispuestos a levantar el pie del acelerador.

Y es que sigue incluso siendo habitual que nos den un zarpazo en las narices con sus discos de debut, como si iniciarse en una carrera musical no fuera excusa alguna para no entregar un producto de absoluta calidad, nada de medianías. Graveyard, Jetbone, Spiders, Vidunder, Heavy Tiger y otras muchas formaciones lo están demostrando en los últimos años, saliendo del cascarón sin complejo alguno y sacándole los colores a otros tantos veteranos del continente europeo. Dentro de unos años veremos la continuidad y longevidad que alcanzan, incluso si mantienen la calidad de su propuesta, pero de lo que no me cabe duda es que las bandas de estas regiones son bastante menos permeables a modas y cantos de sirena del mainstream, estando posiblemente ahí una de las respuestas


Apadrinados por esa extraordinaria discográfica madrileña (Ghost Highway Recordings) a la que tantísimas grandes bandas le debo, no hay que descuartizar demasiado a su disco primogénito para discernir qué sustancias vamos a encontrar en la poción mágica de los Deadheads. High Fuckin' Energy Rock & Roll o cómo a ellos también les divierte definir su música, Boogie Punk, con toda la licencia del mundo para etiquetarse como les venga en gana. Una batería desquiciada a la par que un contundente bajo y las desinhibidas guitarras, todo ello redondeado y coronado con una gran voz capaz de subir y bajar sin despeinarse demasiado a cargo de su frontman y también guitarrista Manne Olander. Además incluyen a menudo unos desenfadados manotazos al teclado cuando quieren sonar a los Hellacopters del High Visibility, aunque, por muchas similitudes que tengan en su música a veces (como tantísimas otras bandas vecinas) no van tanto por ahí los tiros puesto que dotan de una densidad y un "muro de sonido" a sus canciones que probablemente suplementa en la producción la crudeza de unas acertadas guitarras muy 50's y 60's y dota de fuerza y contundencia el resultado global con buen criterio. El ímpetu del bajo y la batería es de una brutalidad excitante y los aullidos de las guitarras, la voz y los coros derriten e imposibilitan cualquier atisbo de cerumen en los oídos.

My Demons, Live On, Rock & Roll (con la portentosa voz de Ann-Sofie Holmes de Spiders a los coros), Lose My Mind, Freak Out (solo dura 1:17 así que imaginaros...) o Baby Please son buenos ejemplos de la desquiciada agresividad de su propuesta. Pero también "ojito" al antepenúltimo tema, Venom, porque siendo el más diferente a todos es sin duda unos de mis favoritos, con una batería más tranquila, el bajo envolviéndolo todo en su atmósfera y guitarras acústicas y eléctricas con muchos menos decibelios intercalándose así como el cantante con la épica en "modo on" regalándonos un medio tiempo espectacular. Nos dejan claro que si les da la gana pueden crear temas con tintes muy diferentes y de una elaboración que nada tiene que ver con el punk rock acelerado que es la tónica general del disco, sonido que a buen seguro que no os importará a la mayoría de los que pululáis por estas latitudes. 


En un año en el que tampoco estamos viviendo una avalancha de discos incontestables y en el que seguimos pensando que, quizás, lo mejor todavía está por llegar con muchos lanzamientos que quedan, en el ecuador del 2014 estos tipejos de Göteborg han conseguido que al aquí presente se le active un resorte en su cabeza y vuelva a escuchar música en cantidades industriales e incluso a escribir algo en esta polvorienta bitákora que no acariciaba desde hace un par de meses. Por eso me permito la licencia de darle a This Is Deadheads First Album (It Includes Electric Guitars) el escueto calificativo de "brutal".

viernes, 25 de abril de 2014

CHEQUE POLVO


Un divertidísimo cortometraje protagonizado por una conocida, la maravillosa Alicia Rubio, con el que me he reído un rato. ¿Y cuál sería vuestro "cheque polvo"? El mío, aunque no soy nada original, lo tengo muy claro.

martes, 22 de abril de 2014

EL OCASO DE LOS DIOSES


Desde hace años que estoy mentalizado de lo que voy a exponer a continuación pero, las rumorologías, noticias no veraces, desmentidos y posteriores comunicados en el seno de AC/DC la semana pasada me han impactado en los morros. Ha sido como esa avispa que vuela a tu alrededor y que crees que si la ignoras no te va a picar. De repente se posa en tu brazo y sabes que el aguijonazo puede ser inminente, más probable de lo que pensabas. Pues de algo así se trata. El revoloteo de el fin de las grandes bandas en un plazo indeterminado siempre ha dado vueltas, de manera digamos gaseosa, a mi cerebro pero de repente se va solidificando y lo noto, a veces me cubre del sol y siento su sombra sobre mi, incluso puedo olerlo y cada vez pesa más, hasta que un día se desplome.


The Rolling Stones, The Who, AC/DC, Kiss, Aerosmith, Black Sabbath, Deep Purple, Motörhead, Mötley Crüe, Iron Maiden... Malcolm Young enfermo y sustituido en los australianos; Nikki Sixx y sus compañeros dando los últimos capotazos a su carrera; Deep Purple arrastrándose por los escenarios; Lemmy con diversos problemas muy serios de salud que le impiden girar cada vez que quiere iniciar un tour; los Stones celebrando sus bodas de oro al igual que los Who con un Pete Townshend prácticamente sordo, con tinitus...


En el caso de los solistas es diferente. Me imagino a un anciano Eric Clapton tocando sentado cual B.B. King, a Bob Dylan, a un raquítico Paul Mccartney apoyado en su teclado como Jerry Lee Lewis en la actualidad o a un enérgico pero limitado por los achaques Iggy Pop, dando conciertos de 50 minutos, pegando algún saltito pero manteniéndose sujeto al micro la mayor parte del tiempo, poniendo caras con su habitual sentido del humor mientras la mitad de su repertorio se declina por un estilo más bien crooner.


¿Qué podemos hacer al respecto? Pues poca cosa. Que sientan nuestro aliento como es habitual. Eso rejuvenece. Asistir a aquellos bolos que aún no hayamos presenciado o que necesitemos volver a ver. Evidentemente tampoco a cualquier precio, que las giras de despedida saben utilizar también la nostalgia para meter la mano en nuestros bolsillos. Pinchar sus discos y emocionarnos nuevamente sin pensar en que cada año las necrológicas son más frecuentes y más devastadoras con los grandes artistas clásicos. Llevar a nuestros retoños (el que tenga), si se encuentran en edad de comprender tan inmenso privilegio, a uno de estos shows para que siempre puedan recordar y correr la voz de qué se experimenta en el ojo del huracán del rock. No darles el testigo a bandas medianas de segunda división que se auto-proclaman las siguientes en la línea de sucesión, que esperan impacientes y que no han hecho ningún mérito para acercarse a comer ni las migajas que han caído al suelo del plato de los grandes grupos clásicos. Antes que entregarle el cetro a unos Artic Monkeys o a unos Green Day prefiero enterrarlo en algún remoto paraje del que solo tuvieran constancia,  a lo sumo, dos o tres eminentes melómanos que guardarían con recelo, discreción y coraje el secreto, hasta que alguna futura banda estuviera a la altura de recuperarlo para la humanidad en un segundo advenimiento del rock & roll.


Quizás sea el momento de mentalizarse de que esto se acaba. De que nos quedan como mucho 10 años siendo muy optimistas y de que probablemente ahora todos ellos se encuentran en un cruce de caminos divergentes que les lleva a tomar una de dos rutas posibles. Terminar ganando mucho dinero o finiquitar su historia dignamente, con calidad y actitud, dejando el pabellón a la altura de la leyenda.

lunes, 14 de abril de 2014

AEROSMITH & SLASH EN EL WHISKY A GO GO PONIÉNDOSE FARRUCOS


¡Así sí! ¡Así sí! Es lo único que se me venía a la cabeza tras visionar el escueto show de 35 minutos que se marcaron hace cuatro días los "gemelos tóxicos" en el mitiquísimo Whisky A Go Go de L.A. para presentar la inminente gira "Let Rock Rule" por USA y Canadá junto a Slash de telonero. Como curiosidad, la ausencia de Brad Whitford que tenía un compromiso pactado previamente que atender. 41 años han transcurrido desde la última actuación de los de Boston en este local, concretamente desde el 4 de diciembre del 73, año del disco debút de la banda. La ecuación es sencilla. Cero baladas, repertorio de los 70 (aún así se coló la aburrida Pink del 97) y claro, sala de conciertos, aunque esto es algo que difícilmente se puede ver ya con un monstruo de estadios como son Aerosmith. ¿El resultado? ROCK & FUCKING ROLL!!

martes, 11 de marzo de 2014

JOAN AS POLICE WOMAN - The Classic (2014)


Parece que el año no ha empezado nada mal para las féminas. El anterior también fue muy fructífero y este 2014 sigue con buena inercia. En aquel, Meschiya Lake, Joan Jett, Neko Case, Laura Marling, Nikki Hill, The Pepper Pots, Koko Jean Davis (al frente de The Excitements), Patty Griffin, La La Brooks, Caitlin Rose o Valerie June ofrecieron dosis elevadísimas de talento y capacidad para emocionar y hacer bailar a partes iguales. Es muy gratificante ponerse los cascos y escuchar una voz femenina moviéndole a uno todos los chacras del alma habidos y por haber, con un susurro, con un pequeño gemido roto perdido en una canción, valiéndose de armas y herramientas que, por mucho que el hombre quiera, aún no es capaz de controlar tan eficazmente como es en la sensualidad o el desasosiego para erosionar el interior del que os escribe esto. Al menos a mi con las mujeres me suele suceder a la primera, hay una credibilidad que no consigo saber explicar porqué me parece lícita al instante, misterios de la música, de la profundidad y contoneo de una voz que me afecta casi como si fuera algo que trasciende la física y se remonta a algo primitivo, a un recuerdo o un secreto oculto en nuestro ADN y que me atrae hipnoticamente.


Joan Wasser es una de esas mujeres capaces de conseguirlo sin mucha dificultad. Además de que tiene todo el crédito del mundo para ello. De ser una violinista precoz a novia de una de las leyendas más grandes y trágicas de los 90, no fue hasta la década pasada cuando realmente empezó a centrarse en la música como modo de vida y desde el principio dejar huella. Con su Real Life en 2006 ya tocó techo creativo probablemente, no hay mejor manera de debutar que derramar su inspiración al completo sobre un trabajo con algunas canciones de altos vuelos, de las que puedes poner infinitas veces y siguen sonando igual o mejor que aquella primera e impactante vez que la escuchaste. Y este The Classic me tiene bastante asombrado tambien y solo el tiempo dirá en que puesto queda en la escala personal de Joan As Police Woman. 


Este disco huele a eso, a clásico en su discografía. Joan asegura que para la composición y grabación del mismo, ha prescindido de toda relación que pudiera absorverle un mínimo de dedicación a este proyecto o desconcentrarla. "Antes de escribir las canciones para el nuevo disco, he decidido dejar a un lado las relaciones sentimentales. Es increible la cantidad de energías que puedes invertir en ti misma y el resultado ha sido bastante sorprendente. Empezar algo nuevo y terminarlo con una sensación de equilibrio y completamente satisfecha es muy gratificante". Por supuesto que esto queda muy bien de cara al marketing pero a mi lo que realmente me importa es el producto final y su validez y credibilidad porque la vida de esta mujer no me quita el sueño. Pero sí me interesa el enfoque. Y lo cierto es que este casa perfectamente con el título. Muchos de los temas huelen a clásicos y brillan como el dorado que tiñe la piel de Joan en la portada. Es sin duda su disco más soul, más negro. Manteniendo ese estilo pop tan elegante y sinuoso que se le da tan bien y con ese don para encontrar esa particular sensibilidad en sus melodías. Con esos chasqueos de trip-hop que le quedan igual de resultones que siempre y dotan de heterogénea cada plástico que saca. Acentuando teclados, violines y guitarras al servicio de las canciones, sin buscar un excesivo protagonismo casi nunca. Pero en este trabajo además priman mucho los vientos,  el delicioso groove de la batería y el bajo y unos juegos vocales en los coros que insuflan un airecillo viejuno y con solera a algunas canciones realmente redondas.


Joan además tiene la virtud de ser seleciva y crítica en la criba de sus canciones. ¡Cuántos discos han caido en el error de alargarlos e inmolarlos con relleno! Exceptuando su debút, el resto no suelen sobrepasar los 9 o 10 temas de metraje. Y es que está muy bien sacar discos con muchos tracks o trabajos dobles pero realmente hay pocos artistas que puedan resolver bien esta papeleta o pocos momentos en los que se lo puedan permitir, porque lo que suelen conseguir es deslucir albumes que habrían resultado mucho más digeribles con una duración más breve. Y con la decena de tonadas del negroide The Classic yo me doy con un canto en los dientes. Porque aquí hay materia prima, buena producción, variedad de estilos, músicos que tienen mucha clase y una voz, esa voz, que a mi me parece diferente, conmovedora y muy muy adictiva.

jueves, 6 de marzo de 2014

GHOST BLUES: THE STORY OF RORY GALLAGHER & THE BEAT CLUB SESSIONS - Ian Thuillier (2010)


Que Rory Gallagher es uno de los guitarristas que más suenan en el búnker no debería de sorprender a nadie. En unas cuantas ocasiones he escrito sobre él y le he profesado eterna pleitesía a su espíritu y su música. Ahora bien, que lo considero también uno de los más menospreciados de la historia en relación a su talento y su legado no tengo tan claro si lo he recalcado alguna vez. Tiene una discografía que tira de espaldas y si nos remontamos a sus discos con Taste y toda su trayectoria en los 70 pocos rivales le pueden hacer sombra. Jeff Beck, Hendrix, Page, Clapton y alguno más. Y aunque el refrán dice que el tiempo pone a cada uno en su lugar yo creo que ese tren ya pasó para siempre probablemente para el bueno del irlandés aunque para todo amante del rock siempre esté ahí como una de las vacas sagradas de la música que tanto amamos. Otra cosa es preguntarle a cualquier chaval (y no tan chaval) por Rory y que ponga cara de extrañeza o que veamos camisetas de los otros guitarristas antes mencionados o de las bandas que lideraron y pocas veces una de Taste o del genio en solitario.

Más aún cuando hay una oportunidad de oro con este documental que se realizó donde se repasa su vida y obra, con entrevistas a personajes clave como su hermano Donal Gallagher o compañeros de batalla como Ted McKenna o Gerry McAvoy. Tambien se pasean por el documental gente que le conocieron y que le admiraban profundamente como The Edge, Slash, Johnny Marr, Cameron Crowe, Shooter Jennings, Bill Wyman, James Dean Bradfield, Bob Geldof, Vivian Campbell o nuestro Juan Martín. Todos ellos encumbrando a Rory a los altares de la guitarra eléctrica y del blues, comentando anécdotas y ubicando su trayectoria en historias comunes o en su influencia sobre ellos. Para los que se queden con mono de más música además hay un segundo DVD titulado The Beat Club Sessions donde podemos ver a Rory en el mítico programa musical de la televisión alemana, con las tres actuaciones que dio entre 1971 y 1972 encadenadas, ofreciendo un espectáculo de primer nivel con un sonido realmente bueno, toda una delicia.


La película está muy bien para conocer sus orígenes, con fotos entrañables de cuando era un renacuajo, gracias en gran parte a su hermano Ronal, auténtico faro y motor de esta historia en imágenes. También para averiguar las motivaciones del oriundo de Cork, su forma de interactuar con la música y de cómo llegó a dedicarle casi la totalidad de su vida, volcándose en ella y prescindiendo incluso de relaciones más allá de las amistades al considerar que una pareja estable era prácticamente una quimera cuando su vida se iba sobre las tablas y en las giras, para darse a conocer, para reivindicarse o para romper cualquier molde que hubiera en Irlanda y exportarlo al mundo entero. También de cómo este tipo fue en todo momento fiel a sus principios huyendo de singles y canciones que pudieran oler mínimamente a comercial, puesto que él pensaba que aunque eso le llenaría los bolsillos también le restaría credibilidad hasta tal punto que llegó a tirar a la basura una vez terminado todo un disco en 1977 (que se volvió a mezclar y se editó en 2011 como Notes From San Francisco, muy recomendable) y sería poco más que prostituir su trabajo y darle la espalda a su integridad como artista. También es muy interesante la historia de cómo llegó a tocar un par de noches con los Stones tras la marcha de Mick Taylor y luego siguió su camino en solitario, habiendo recibido la oferta de Jagger y Richards para ser miembro permanente, algo que afortunadamente no sucedió.

En contra diré que me parece increíble que no se mencionen discos tan claves en su carrera como Tattoo o Calling Card que a mi me parecen de lo mejor que hizo nunca o que se hable del tiempo que estuvo sin tocar y su regreso a los escenarios pero no se mencione apenas porqué y qué sucedió en los años concluyentes de su carrera hasta que se retoma en sus últimos días y su muerte en junio de 1995 en Londres, algo en lo que sí se profundiza. Por otra parte los mismos protagonistas que le homenajean y hablan sobre él charlotean demasiado sobre la influencia de Rory en ellos y sus comienzos, lo mucho que le deben o qué vertiente han copiado más de su estilo, algo que a mi me parece bastante poco sustancial (exceptuando a Johnny Marr que sí comenta cosas interesantes sobre técnicas concretas, como cuando le vio cambiar una cuerda sin dejar de tocar). Escuchar a The Edge decir que se puede intuir la influencia suya en las primeras demos de U2 que rulan por ahí pues como que me trae bastante sin cuidado. Yo no veo ni hoy ni hace 25 años esa influencia por ningún lado. Puede que en los primeros meses de ensayo sí, pero es algo que sepultó para luego tirar por otros derroteros así que no quiero escuchar cinco minutos de algo que me parece poco más que un espectro en su música.


Un documental con partes muy bien cimentadas y con varios protagonistas a quienes da gusto escuchar. Conocer más de Rory Gallagher, de su carácter y de su dedicación completa a su instrumento es una gozada. Las entrevistas que hay de audio al artista y en vídeo son otro de los puntos fuertes, con el genio hablando de su filosofía y de su música con absoluto amor a las seis cuerdas. Por otro lado creo que es una oportunidad desperdiciada para hacer un bagaje completo de su carrera, prescindiendo de partes fundamentales y saltándose (no se si a propósito o no) otros momentos que quizás alguien en el futuro nos desvele con otra película más completa a este respecto. Es importante conocer al artista para zambullirse con mayor ahínco en su obra y comprender ciertos giros que dio aunque nunca fueran demasiado acentuados. Si tenían que haber incluido media hora más de metraje por mi encantado.

Me he quedado con ganas de más de este tipo que no solo ha sido uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos sino que fue pionero en muchas cosas, arriesgó su dinero apostando todo a su fe por su música y dejándose la piel en el escenario en cada actuación con la pasión y entusiasmo que todos habréis podido ver en infinidad de vídeos. Y un secreto que cuenta su hermano, a todo esto. Si pensáis que la apariencia de su guitarra destrozada, con la pintura levantada y ese aspecto más propio de haber salido de un incendio, es por golpes o roces no podéis estar más equivocados. Rory transpiraba la gota gorda en cada concierto y ese mismo sudor fue el que le confirió esa estampa. En parte porque este tenía una secreción sudorípara muy alcalina que al contacto con la laca y la pintura hacía prácticamente la labor de un quita-esmalte. En parte también por las cantidades industriales de sudor que este animal de escenario se dejaba en cada show.