miércoles, 25 de marzo de 2015

ST. PAUL & THE BROKEN BONES - Teatro Barceló, Madrid (16/3/2015)


Nada más llegar al teatro Barceló me encontraba con un amigo en la puerta, responsable de la producción de muchos de los conciertos que allí se ejecutan, entre ellos este. "Son buenísimos, pero no te vayas a esperar un concierto muy movido". Bien, juzgando el excelente disco del año pasado, esto debería de haber sido una verdad como un templo. Un trabajo muy grande, Half The City, pero con más momentos pausados que marchosos. Sin embargo, muchas bandas son conscientes de lo que tienen que hacer para meterse al público en el bolsillo desde el minuto uno y Paul Jenaway y sus secuaces salieron al ruedo e inmediatamente se pusieron a puerta-gayola ante el respetable. Y le hicieron bailar.


Es impresionante como una banda joven, muy joven, con un solo disco en el mercado y en su primera aparición en la capital de la piel de toro, puso a todos en pie, gritando, cantando, bailando, divirtiéndose como si les fuera la vida en ello y con sonrisas de oreja a oreja. No veía un show de soul tan especial desde aquel concierto de The Excitements, con una Koko Jean Davis enganchándose el peso del público a la espalda y catapultando sus expectativas muy por encima. Eso fue lo que sucedió. Los jovencísimos vientos estuvieron bien; el batería, entusiasta; su guitarrista inspirado por momentos pero en general tímido; el teclista con muchas tablas y excepcional con el sonido hammond; y su bajista, Jesse Phillips (co-líder de la banda), el más activo después del corpulento cantante. Y de Paul Jenaway, qué decir... ha nacido una estrella. Ya no hay cantantes apenas que consigan una importante repercusión, pero su forma de moverse y bailar cómicamente, sus gestos lujuriosos hacia el respetable y su micrófono (aún sabiendo que su cara de empollón pagafantas y su físico a poca gente puede excitar), sus bromas al tendido, su actitud, su control absoluto del escenario y de la energía del público y su mastodóntica voz lo convierten en todo un acontecimiento en el mundillo del nuevo soul. Impresionante.


Siendo conscientes de que su repertorio no puede sustentarse solo con su único disco hasta ahora, se permitieron el lujo de versionar a Otis Redding (por partida doble), Sam Cooke, Bowie e incluso se marcaron un maravilloso Fake Plastic Trees de Radiohead en clave soulera. Todo ello unido a temazos de su reciente álbum, que suenan a himnos, como Call o la estremecedora Broken Bones & Pocket Change. Los allí presentes estaban entregados y la banda emocionada por tan calurosa acogida y por los vítores que allí se sucedían. Cánticos de Oé, oé, oéee! que ya hicieron que se mearan en los pantalones encima del escenario. Finalmente nos dejaron una sorpresa para el recuerdo que no estaba planificada inicialmente en el set-list. Una atronadora y alargadísima versión del Try A Litlle Tenderness nuevamente de Otis Redding, con finjido desmallo incluido de Paul para volver a saltar sobre el micro y terminar el show con todos y cada uno de los allí presentes en la maldita palma de su mano. Enormes.


Si entraron a puerta-gayola no fue menos la salida, por la puerta grande, las dos orejas, el rabo y los genitales de todos los especímenes que allí nos dimos cita. Esto es clavarla a la primera. Si consiguen enganchar a la gente en cada uno de sus bolos de esta manera no tengo ninguna duda de que dentro de poco van a estar en boca de todos. Y es que St. Paul debería ser santo de la devoción de todo aquel a quien le guste una buena dosis de soul sureño, tierno, lascivo y divertido a partes iguales.

jueves, 19 de marzo de 2015

ELI PAPERBOY REED - Madrid, Sala El Sol (10/3/2015)


Hace algo más de una semana tuve la oportunidad de reencontrarme con Eli Paperboy Reed, uno de los estandartes del nuevo soul o revival que tanto ha refrescado el panorama del tablao negroide en la escena musical internacional. Años atrás lo vi en el teatro Alameda de Sevilla presentando junto a los True Loves su excelente disco Come And Get It. En aquella ocasión hicieron un show perfecto, sudoroso y entusiasta que difícilmente pudo defraudar a alguien. En esta ocasión las sensaciones también han sido positivas aunque con muchas diferencias. 


La primera es que Eli venía en formato trío, acompañado solo de un batería y un contrabajista, ambos con bastante menos carisma que Eli e incluso que los True Loves. Un show de soul y rythm & blues con vientos y un batería como el carismático y divertido Attis Clopton pueden significar una diferencia cualitativa importante. Por otro lado, venían repescando y presentando el primer álbum de el de Boston, Walkin' And Talkin', el cual es ligeramente inferior a el mastodóntico Roll With You y al excelente Come And Get It. Ni que decir tiene que este disco debút aplasta y humilla implacablemente al reciente y ñoño Nights Like This, el cual recomiendo obviar. Walkin' And Talkin' no contiene la ristra de himnos de Roll With You pero tiene un sabor añejo que casa perfectamente con las versiones que se marcaron de Freddie King, Willie Cobbs, Wilson Picket o Elmore James (sensacional el Shake Your Money Maker), una acertada decisión que inyectó músculo al show a falta de los temas más conocidos del cantante.


Eli lo dio todo con su impecable y prodigiosa voz y estuvo muy comunicativo, intentando soltarse con el español a menudo. La ventaja de la sala El Sol es la cercanía que puedes percibir, con un escenario sin barreras y con escasa altitud, incluso servidor se permitió el lujo de sentarse en una esquinita de este para hacerle fotos durante un buen rato, pudiendo disfrutar del recital a un escaso metro de distancia. Punto a favor por la calidez y la intensidad que este le imprimió. La banda, bien sin más. El contrabajista participativo y el batería bien también, aunque para mi estaba un poco descontextualizado, con un aspecto y una actitud más propia de Seattle y la escuela de Dave Grohl que de lo que allí habíamos ido a escuchar. A veces me pongo un poco sibarita, lo reconozco, pero este estaba en una frecuencia diferente.


Al final por fin se marcó un viejo conocido para cerrar el show tras los bises, Take My Love With You, temazo que todos bailamos como locos, nos hizo felices y como en los mejores cuentos, comimos perdices. ¿Balance global? El show estuvo muy bien y la actitud de Eli, su buen hacer y su intensidad siguen siendo arrolladoras en directo. Me da la sensación de que esta gira es una excusa para hacer tiempo mientras arregla el fiasco de su último trabajo discográfico. No se a nivel de ventas pero la reacción de la grada ha sido tímida ante este y se veía obligado a volver a sus raíces. ¿Mi deseo? Que vuelva con los True Loves o al menos que recupere la pasión por las melodías agresivas y sudorosas, esas que nos dejaron boquiabiertos y temblando hace unos años. ¿Es mucho pedir? Venga Eli, que lo de Nights Like This sabemos que era una broma, ahora en serio...

martes, 3 de febrero de 2015

VALEN


Hay gente que no pierde la fe en el rock & roll way of life. Pasen y conozcan a Valen



Un corto de Nico Aguerre y Jorge Cabrera

jueves, 22 de enero de 2015

SIETE AÑOS REFUGIADO EN EL BÚNKER


Siete, siempre fue mi número favorito. Siete años ya desde que comenzó esta aventura. Poca cosa con la guerra que pienso daros durante mucho más tiempo. No, no parece que fue ayer. Pero me hace igual o más feliz aún compartir e interactuar con vosotros y nutrirme de grandes discos, conciertos, anécdotas y maravillosas experiencias que me enriquecen cada día más. Gracias a los que estuvieron y se quedaron en el camino, a los que leen y no se atreven a comentar y a los que me proyectáis vuestra pasión con vuestras reflexiones en el apartado que corresponde. Se os quiere y valora. Vamos a por el octavo.

lunes, 19 de enero de 2015

LAS MEJORES FOTOS DE 2014


Ya iba siendo hora de que también aportara mi tradicional selección de las mejores fotografías del año que acabamos de dejar atrás. Como siempre, hay una miscelánea bastante variada, con capturas muy muy duras, otras preciosas y otras tantas divertidas. Y una vez más recomiendo verlas a tamaño grande, que es como mejor se aprecian las instantáneas, los detalles, los colores... Disfruten de la cosecha reciente en el maravilloso arte de congelar momentos.

martes, 13 de enero de 2015

LO MEJOR DE 2014 Y PLAYLIST DEL AÑO


Una vez más llego a esto de las listas un poco tarde. Me gusta tener unos días de perspectiva para analizar el año ya extinto, no tiene un porqué, sin embargo es ya algo habitual. No me extenderé mucho, Si no ha sido un año especialmente productivo en cuanto a la cantidad de posts que he escrito, no pretenderé, ni mucho menos, lanzaros una parrafada ahora. Solo comentar que tengo la impresión de que ha sido un excelente año, sí. Muy buenos discos y muchos de ellos. A mediados de año me parecía que no era para tanto, aunque luego la cosa mejoró muchísimo, o simplemente yo abrí un poco más las orejas. Eso sí, no he encontrado ese disco que me ha tenido en vilo en 2014. Ese álbum que no he podido parar de escuchar y por el cual he estado en trance y he bebido los vientos. Quizás exista y haya pasado por delante de mis narices. Quizás ya lo he escuchado y no le he prestado atención. Ni idea. Aunque nunca es tarde. Como siempre, en las próximas semanas, meses, años... iré descubriendo nuevas perlas que ignoré y para eso son fundamentales vuestras listas y vuestras críticas, mi guía fundamental para una dieta musical equilibrada.

Mejor concierto 2014: The Jim Jones Revue (Sala Arena, 16/9/2014): Jim Jones se despedía con su banda de esta aventura que ha sido The Jim Jones Revue. El inglés ofrece uno de los mejores y más caldeados directos que se pueden ver hoy día sobre las tablas con la bandera del rock & roll envuelta en sus camisas. Actitud, entusiasmo, energía, buen sonido, excelente repertorio y mucho feeling con el público. Me gustó más en su anterior visita pero esta no fue muy diferente. Espero con ansia su próximo proyecto.

Mejor disco español 2014: The Soulbreaker Company - Graceless: La banda de Vitoria se ha marcado un disco descomunal. Nunca les había prestado demasiada atención aunque muchos hablaran maravillas de ellos. Graceless me parece un disco sobervio. De los mejores del año incluso a nivel internacional. Y autoproducidos. Canciones grandes, épicas, bellas, luminosas... no se cómo funcionarán en directo (por lo que dice el amigo Javistone en el Serie Z sonaron de fábula) pero no pienso perderme nada de lo hagan de aquí en adelante y seguiré buceando en sus trabajos anteriores. No dudéis en pinchar este álbum de 10.

Mejor disco internacional 2014: The Buttshakers - Night Shift: unos auténticos desconocidos se han convertido en la auténtica revelación para un servidor este año. No recuerdo muy bien cómo sucedió. Fue una tarde de estas de aburrimiento e investigación musical por webs, facebooks, bandcamps... tenía el presentimiento de que encontraría alguna banda interesante y así fue. Los franceses despertaron mi atención desde el segundo uno. Soul, rhythm & blues, garage... soy consciente de que quizás no sea el álbum más redondo o elaborado de los que han salido pero me importa bien poco. Es el que más he escuchado y el que más se me ha antojado y eso decanta la balanza más que ninguna otra cosa. Diversión y garra y si hay que ponerse tierno también tienen sus armas para hacerte vibrar. Una pena no haber podido verlos en la gira que se marcaron por la piel de toro.

¿Queréis más? Pues aquí os dejo una muy mimada playlist de Spotify con dos horas y media de tralla made in 2014, con una colección de temas que han marcado mi día a día desde hace 365 lunas. Disfrutad amigos. Os deseo a todos un enorme 2015, seguro que sí. No penséis que en 2014 nos han jodido bien a nivel político, social y económico... porque el año ya estrenado termina en cinco. Espero que dentro de 12 meses hablemos de una cosecha increíble de buena música, sonrisas, prosperidad y grandes y novedosas experiencias, que al fin y al cabo es de lo que se nutre el alma humana. Abrazos.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

20.000 DÍAS EN LA TIERRA - Iain Forsyth & Jane Pollard (2014) "NICK CAVE VUELA ALTO"


Hay artistas, en la muy longeva historia del rock, que desprenden un aura de misticismo por encima de la media. Crooners post-modernos que están sobre el bien y el mal y que se esfuerzan en dilatar su estela de misterio y leyenda dejando entrever muy poco o nada de la persona que hay detrás. No se trata de una pose. Probablemente en algún momento de sus vidas lo fue. Ya es una actitud de vanidad asimilada, mejor o peor, según se quiera ver. Esto no es malo. Si funciona, entras en el juego y te dejas llevar, hasta el más soberbio de los personajes puede caerte bien y activar tu admiración por él. Nick Cave es uno de ellos. 

20.000 Días En La Tierra es un falso documental que nos guía por 24 horas ficticias en la vida del australiano, quien nos narra toda la historia. La película en sí es una herramienta para ensalzar a Cave hacia la estratosfera del olimpo de los héroes del rock. Y no digo que no lo merezca, todo lo contrario. Se lo ha ganado a pulso. A base de calidad con grandes discos, enormes propuestas, experimentación, honestidad e inconformismo. Pero sobre todo gracias a un tenaz esfuerzo diario capaz de dejar exhausto a la mayoría de sus contemporáneos. El documental retrata al Cave obsesionado con su trabajo desde la perspectiva del hoy, del músico del presente. De vez en cuando gira durante unos segundos la cabeza para mirar atrás pero inmediatamente vuelve a redirigir sus pupilas al frente. Otros documentales rellenan y rellenan con historias del pasado, imágenes de archivo, anécdotas ya contadas una y mil veces... Poco de eso encontrarás aquí. Casi todo lo rodado es nuevo, con una excelente fotografía y un buen trabajo artístico detrás. Incluso se permite el lujo de darle protagonismo a las canciones de su último y excelente álbum, Push The Sky Away (2013) al que también le ofrecen guiños visuales como en la primera secuencia, donde Cave abre las ventanas de su habitación para que entre la luz; esas ventanas y esa habitación que son protagonistas de la preciosa fotografía de portada del reciente disco. Y con no caer en la nostalgia y en la hemeroteca yo descifro valentía, una vez más.


El film se sustenta en dos pilares. El primero es el esfuerzo y currazo diario que se pegan Cave y su compañero de batallas Warren Ellis. Nunca he visto un documental que dedique tanto metraje al trabajo creativo, a la persistencia y artesanía que hay detrás de una canción. Muchos minutos con Cave probando melodías, fraseos, ritmos, entonaciones, escribiendo, recortando, garabateando... Es de agradecer, al menos para mi. Muchos espectadores terminarán zambullidos en el hastío pero a quien le interese el proceso que hay antes de que algo empiece a sonar mínimamente decente lo agradecerá. Se trata de llegar a grandes canciones mediante confusión, perseverancia e intuición. Días de esfuerzo para que de repente surja un elemento rescatable y desde ahí construir algo que más tarde puede convertirse en un precioso himno. El segundo pilar son las emociones. La emoción de componer, la emoción de tocar, la emoción de ver las caras de los fans de las primeras filas, la emoción de vivir por y para escribir y la emoción de recordar algunos pasajes de su infancia y su relación con su familia y sus comienzos. Esto lo expone mediante una conversación con un psicólogo donde pretende humanizar su figura (sea cierto o falso lo que cuente, ya sabemos como se las pueden gastar gente como Tom Waits en este aspecto), algo muy interesante, con algunas respuestas de una factura bellísima y poética para explicar ciertos sentimientos también sobre la magia de la música con los que a menudo me pude identificar y en otros casos simplificando otras cuestiones, donde se podría haber enredado en circunloquios, a elementos muy sencillos, de una lucidez extraordinaria. Lástima que el psicólogo desaparezca incomprensiblemente a mitad del film porque era de lo poco que nos hacía vislumbrar qué persona era la que se ponía el traje de estrella del rock, el Nick terrenal y relativamente humano.


Puede que la película sea un ejercicio audiovisual de narcisismo o puede que esta sea un maravilloso trasplante de emociones sobre el poder transformador de la música. Supongo que eso ya lo tiene que decidir el espectador. No es que sea un producto que atraiga a todos los públicos. Es más, 3 días después del estreno, en la única sala que la proyecta en Madrid éramos solo 5 personas. Lo que sí es un dogma para un servidor es que si te gusta la figura de este músico y su obra, es imprescindible. Además, si sientes que eres de esos que desde que se despierta hasta que se acuesta tiene un gramófono interno que inyecta vida y energía en tus venas, que siempre hay una canción que te levanta el ánimo, que son prioritarias y muy importantes cosas como un concierto, un disco o un verso musicado para aguantar el día a día, aunque el resto de personas de tu entorno no lo comprendan, amigo, te va a sorprender y puede hacerte reflexionar. Y todo esto no es baladí en una época en la que la música se ha depreciado y banalizado hasta un punto realmente alarmante.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

THE WAR ON DRUGS - Lost In The Dream (2014)


A veces pasa. Leo una entrada en un blog sobre The War On Drugs. Empiezo a escuchar esos ecos de batería, guitarras limpias y distantes, teclados, samplers ochenteros... mmmm! No se si esto es realmente lo que mi estado de ánimo busca. Quizás no... un momento. ¡Suena increíble! Normalmente me decanto por otro tipo de sonidos pero también es cierto que suelo tener muchos prejuicios con ciertos axiomas sobre el pop de los años ochenta. Y también, igual de cierto es, que algunos de mis discos favoritos son de la mitad de esta década. Probablemente al principio me suelen chirriar un poco pero a la larga no tengo problema en abrazar algunas canciones que al comienzo me parecían hiper-edulcoradas y luego me siento incapaz de no escucharlas en un insano bucle. El tercer disco de esta banda, titulado Lost In The Dream, tiene un efecto igual de enfermizo en quien os teclea. 


Y es que, aunque nací en los ochenta, lo cierto es que empecé a escuchar realmente música en la década siguiente. Me eduqué con los Aerosmith del Get A Grip en vez de con los del Permanent Vacation, los Stones del Bridges To Babylon fueron con  los que me inicié y mi primer disco de The Cult fue el Ceremony. A cada uno le toca su momento en la línea del tiempo. Afortunadamente siempre consumí mucha música de la década que me vio nacer pero estaba más enfocada a grupos de hard rock que a un pop rock con pinceladas new wave y teclados bastardos deudores de la época de las hombreras.

Podría parecer despectivo pero para nada. Probablemente os esté hablando del disco que más haya escuchado en lo que va de año. Ese disco que, cuando no sabes qué pinchar, siempre te surge como recurso y se termina convirtiendo en el artefacto al que más horas le has dedicado. ¿Lo convierte eso en mi favorito de 2014? Ni idea. Mi estado de ánimo está siendo parecido al estado de mi blog. Perezoso, agotado, plano y yendo a lo fácil. Pero evidentemente está en mi top ten y creo que merece mucho la pena que le peguéis un orejazo a esta joya.


Se trata del tercer disco de la banda liderada por Adam Granduciel. Un combo que, en mayores o menores dosis, incluye influencias del Bruce Springsteen ochentero, ecos en ocasiones de la voz (la de hace muchos años) de Dylan, arpegios y atmósferas a lo The Cure o la magia épica del Boy de los primerizos U2. No hay pegamento que junte a el Boss con Robert Smith o a Robert Allen Zimmerman con The Edge. Pues no os preocupéis porque extraen lo suficiente de cada uno, las dosis perfectas en pequeñas concentraciones para crear un puzzle vibrante de emoción, colores, estruendoso y fascinante.

Lost In The Dream es un arrebato de belleza, delicadeza, esplendor, composiciones creadas para finales de películas redondas... un trabajo hecho para todos los públicos, sin rombos. Lo mismo puede gustar al adolescente que mueven el trasero con los Strokes que al veterano que en su día babeaba con Simple Minds. Un tópico mejorado. Un puñado de canciones que no deberían de parar de viajar entre vuestras neuronas dibujando bellas ensoñaciones. Ejemplos: Red Eyes, An Ocean In Between The Waves, Burning o Eyes To The Wind. Luego me contáis.

viernes, 19 de septiembre de 2014

THE JIM JONES REVUE - Sala Arena, Madrid (16/9/2014)


Que una gran banda se separe siempre es un incordio. Sientes que hay algo que muere en tu dieta musical y sobre todo en las expectativas de que sigan facturando grandes obras en un futuro inmediato que alimenten esa gula. Sin embargo The Jim Jones Revue puede que no hayan llegado al estatus de "gran banda de culto" o llamadlo como os de la gana, al menos para las masas. Sin embargo para quien suscribe estas líneas se habían convertido en uno de sus grupos favoritos y aunque no hayan recibido el éxito masivo que se le puede presuponer a la calidad que atesoran, sí os pueda asegurar que en los últimos años se habían ganado un puesto de oro entre mis preferencias. Nick Curran y The Jim Jones Revue son de esas pérdidas que uno va a lamentar toda la eternidad, obviamente por motivos bien diferenciados, pero totalmente irreemplazables por lo necesario de su propuesta, calidad, actitud, intensidad, carisma y frescura (por mucho que se muevan en unos parámetros estilísticos más bien viejunos) en una escena musical más preocupada por otros menesteres más relacionados con los conceptos de modernidad y postureo.


Dicho esto no puedo más que congratularme por haber presenciado un concierto de despedida en Madrid cien por cien a la altura de lo que se podía esperar de este enorme combo de rock & roll. Muy parecido al que dieron hace casi un par de años en el mismo escenario, sí, pero igualmente repleto de agresividad, diversión, intensidad y buen hacer de los miembros de la banda desde el minuto uno al 80 o 85 que aproximadamente duró el show. En primera fila, viendo como Jim Jones no paraba de moverse, cantar con el torrente de voz casi intacto, balancear las caderas, arengar a sus compañeros de banda y estos en paralelo interactuar con el público y demostrar que no se quedan pequeños al lado del líder de la banda, uno a uno, de sobresaliente cualquiera de ellos.


Comenzaron con It's Gotta Be About Me y sigueron con Never Let You Go, las dos primeras canciones de su último disco, el sensacional The Savage Heart. A estas les siguieron Shoot First y Burning Your House Down, donde servidor ya perdió la cabeza y comenzó a desgañitarse y agitarse cual exorcismo. De su segundo trabajo, homónimo de esta última canción, volvieron de nuevo al último con  Where Da Money Go? y Chain Gang y así fueron viajando de un álbum a otro hasta que llegaron a la ruidosa Cementer Mixer que cierra el primero de los tres discazos que The Jim Jones Revue tienen en el mercado (sin contar el Here To Save Your Soul, de caras B y rarezas). Después vino Rock'n'Roll Psychosis y podéis imaginaros esos tornados humanos que se crean a veces con 10 ó 15 personas bailando a codazo y empujón limpio en las primeras filas, aullidos de los presentes y sudor y entusiasmo en estado gaseoso flotando en la sala. Después de un descanso destacaron sobremanera Disonest John (una de mis favoritas), la salvaje Elemental y High Horse, otra de las joyitas que esta banda atesora. Princess & The Frogg ya fue el cierre que no por esperado fue vivido con menos intensidad, una avalancha de gente moviéndose, cantándola puño en alto y proyectando entusiasmo y satisfacción a partes iguales en una tremenda onda expansiva de diversión que alcanzó a todos los allí presentes en la Sala Arena. Sobre todo a mi, obnubilado tras semejante descarga en primera fila, que me alcanzó un escupitajo del frontman, especialmente dedicado a mi careto cual extremaunción en el último minuto de la última canción del último concierto en la capital. The Authentic Last Hurrah!!!!!


Como curiosidad, encontrarme entre el público a los adorables Bob Vennum y Lisa Kekaula de The Bellrays y Lisa & The Lips y a Pablo Pérez, la conexión española que a los anteriores les mantiene pegados a la piel de toro, involucrado también en estas dos bandas y ex guitarrista de The Right Ons. Seguro que se lo pasaron igual de bien que el resto de los allí presentes. Tras un estallido semejante de rock'n'roll y dejar la sala convertida en una escombrera repleta de gente extenuada, la banda bajó a saludar un rato. Luego Jim Jones se permitió el lujazo de hacer una divertida pinchada en un magnífico antro, el Madklyn, donde me recibió con el (Take Me Home) Country Roads (versión Toots & The Maytals, por supuesto, cuyo estribillo casi cantábamos a dúo) y minutos después me concedía una petición de un tema de su amigo Nick Curran, algo que llevo años intentando en garitos y por fin, no podía ser de otra manera, alguien me concede para ponerla. Como habréis comprobado no tengo ninguna pega. Noches así, aún con el saborcillo rancio y amargo de una despedida, suelen preceder al adjetivo de "redondas". 

miércoles, 23 de julio de 2014

LUTHER DICKINSON - Rock 'n Roll Blues (2014)


¿Conocéis esa sensación de seguir la inercia de un artista en estado de gracia y desear que haga cualquier cosa? Sentirte absolutamente satisfecho y tocar casi con la punta de los dedos el cielo con cada uno de sus inspirados trabajos y desear que siga haciendo música, cuanta más cantidad mejor, sabiendo que probablemente llegue un punto en el que ya no seas imparcial pero al mismo tiempo dándote absolutamente igual. Ese sentimiento de que "mucho la tiene que cagar para que cambie mi perspectiva" o de que, sólo si se pone a hacer de repente música disco o bachata, sería capaz de mencionar a sus progenitores en la distancia (lo que se podría llamar perfectamente "el síndrome Chris Cornell"). 


Pues Luther Dickinson es uno de esos tipos a los que no les tiembla el pulso a la hora de colaborar con mucha gente, sacar proyectos paralelos, trabajar durante unos años con una de las mejores bandas del planeta en segunda línea de batalla como simple guitarrista o coger el toro por los cuernos de su grupo cada vez que le place y regalarnos discos realmente buenos. Todo esto sin bajar el nivel en ninguno de los frentes, al menos no escandalosamente, pudiendo afirmar que del bien alto o el notable no es capaz de descender. Un tío que hace siempre los deberes y que se toma esto muy en serio. Ahora que ha ampliado su ya consistente grupo de acérrimos seguidores tras su periplo en The Black Crowes, no para de trabajar y hacer lo que realmente le gusta a nivel musical. No depende de las decisiones de ninguna pareja de hermanos (exceptuando la que él mismo forma con su bro. Cody, tremenda paradoja) y tiene mucha más libertad de movimientos y reconocimiento masivo, lo cual está explotando muy acertadamente.


Rock 'n Roll Blues probablemente ha sido una mera excusa para editar una serie de canciones que tenía en el zurrón desde hace años, componer alguna que otra nueva, desenchufar un rato las guitarras y colaborar con otros músicos así como tener el control total del resultado final incluso produciéndolo él mismo. Unas vacaciones dentro de su convivencia en los North Mississippi Allstars, quienes en 2013 editaron uno de los mejores disco del año con su World Boogie Is Coming, por cierto. Y es que, aún habiendo sacado este trabajo, tampoco ha parado de girar con la banda en la que mantiene la bicefalia junto a su hermano (se cayó el bolo de hace varias semanas en el que iban a telonear ni más ni menos que a Robert Plant en Madrid y en el que no dudo que habrían humillado al grupo teloneado si hubieran tocado la mitad de potentes que el año pasado en la capital). Pero seguro que le ha sentado maravillosamente esta aventura en solitario. Estilísticamente no es muy diferente a lo que hace con su grupo. Algunas canciones se parecen más a las de algún disco y otras más a las de otros. Quizás el grueso gordo se lo lleva el apacible y luminoso Keys To The Kingdom, aunque el hecho de grabar la mayoría en acústico, el sonido de la batería Shardé Thomas, que acompaña en paralelo a la contrabajista y cantante Amy LaVere, creando un sonido muy compacto que suele ir al unísono junto a los fraseos de nuestro cantante, fabricando una rítmica deliciosa, compacta y muy pegadiza.


Por cierto, viendo el videoclip que hay más abajo, tuve una corazonada. La joven Shardé Thomas con sus baquetas, me suena la cara y me digo a sí mismo que no puede ser. ¿Habéis visto uno de los sensacionales documentales de blues de Scorsese en el que Corey Harris va con su guitarra buscando la conexión entre el blues de los algodonales de Louisiana y los ritmos de Mali? En este aparece varias veces Othar Turner, mítico bluesman y uno de los últimos que tocaba el "fife", una flauta travesera de bambú que antes se usaba a menudo para acompañar las canciones. Pues esta niña que en la peli tiene solo 11 ó 12 añitos es la gran esperanza de su abuelo Turner para que siga la tradición, siendo de las pocas personas jóvenes que están aprendiendo a tocarlo, pudiendo quedar en el olvido como si de una extinción musical se tratara. Incluso literalmente cierran el docu con Shardé y Othar Turner en un enternecedor concierto poco antes de que este muriera en 2003. Pues Luther la tiene dándole a los parches y las baquetas (además del fife, claro) ahora con 24 años en su nueva banda de estudio para su disco además de otro proyecto llamado The Wandering donde también colabora con ella y con Valerie June. A mi me ha entusiasmado ver que sigue metida en el blues y no precisamente haciéndolo nada mal.


Volviendo al tema que nos ocupaba y para finalizar... Un disco ligero, suave, divertido e inspirado. No marcará ningún hito pero tiene una frescura digna de elogio tratándose de blues, folk y rock proveniente de los pantanos de Louisiana y las orillas del río Mississippi. Yo no esperaba más que un trabajo con algunos buenos temas y me he encontrado con un artefacto que tiene coherencia desde el principio hasta él final, fiel a sus principios y sin ningún altibajo dentro de las 10 excelentes canciones que dan forma a este Rock 'n Roll Blues.Y se agradece que Luther Dickinson aún no haya metido ningún patinazo y siga en la cresta de la ola de la creatividad porque a mi cada bocado de su música me sabe a gloria.